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VOCES I
- ¿Por qué tiras el pan? ¿No sabes que hay gente que se muere de hambre?
- Pero, señor, si yo se los estoy echando a los pajaritos del parque.
- ¡Que pajaritos ni ocho cuartos! ¿Eso es lo que te enseñan tus padres? ¿Tirar el pan para que se lo coman los gorriones y las palomas y luego nos caguen encima…?
- No sabía… No quería… Yo…
- Tú lo que necesitas es una buena zurra. ¡Ay, si yo fuera tu padre…! Pero deja de gimotear si no quieres que te sacuda de verdad.
- ¡Papá, papá!
- ¿Qué te ocurre Julito?
- Este señor, que me quiere pegar. ¡Buaaa!
- No le haga caso al niño. Yo sólo… Yo le estaba enseñando modales.
-¿Modales a mi hijo? Ahora te voy a enseñar a ti “modales”.
- Pero no se ponga así. ¡No…! ¡Ay, ay!
- Dale fuerte papá. Así, así, en los riñones.
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VOCES II
- ¡Ponciano! ¿Tú eres Ponciano, verdad?
- Si.
-¿Ya no te acuerdas de mí?
- No sé… No caigo… ¡Espera! Tu eres Antoñito, el hijo la seña Josefa.
- ¡Ja, ja, ja! Hombre, claro.
- Como me alegra volver a verte, ¡Ja, ja ,ja!
- Si, hace más de veinticinco años que no sabía nada de ti; desde que te fuiste a lo de la Marina.
- Veintiocho años ya, Antonio.
- Veintiocho años. Como ha pasado el tiempo ¿Verdad?
- Ni que lo digas.
- Con las correrías que hicimos de críos…
- Y de no tan críos. Como el día que le quitamos la moto al médico…
- Sí; a Don Ricardo. ¡Ja, ja! Aún me duelen los correazos que me arreó mi padre.
- Anda que yo… Estuve dos meses sin salir de casa.
- ¡Ja, ja ,ja ¡ Pero… ¿Ahora dónde paras?
- En Uruguay.
-¿Uruguay? ¿No está eso muy lejos de éste pueblo?
- Demasiado, Antonio. Pero allá tengo mi familia y mi pequeño negocio.
- Hiciste bien en marcharte, aquí no quedamos más que cuatro...¡Que jodido Ponciano…! Cualquiera iba a pensar que… ¿Y que haces por aquí?
- Sólo estoy de paso. Tuve que venir a España a arreglar unos papeles y antes de volver a América… No podía perder la ocasión de visitar mi pueblo…
- Por lo que veo piensas marchar pronto… Por lo menos quédate a comer en mi casa y así te presento a mi familia.
- Me encantaría y te lo agradezco, pero ya tengo reservado el billete para esta tarde y los aviones no esperan a nadie.
- ¡Que lástima!
- Ahora terminaré de ponerme melancólico por aquí y ya para Madrid.
- Que jodido Ponciano… Pensar que igual no nos volvemos a ver.
- Quién sabe, Antonio, quién sabe…
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VOCES III
- ¿No piensas salir hoy?
- Pues no, hermanito. Prefiero quedarme en casa. Tú te vas a quedar, ¿no?
- Posiblemente vaya a buscar a Nuria.
- ¿Nuria?
- Sí. Me ha llamado al medio día para ver si me apetecía ver la última de Woody Allen.
- Ya sabes que a mamá no le gusta esa chica.
- Mamá no conoce a esa chica más que de vista. Sólo conoce a su madre, y sólo un poco; porque si la conociera mejor se daría cuenta de que no es tan mala como dice que es.
- Ahora va a resultar que mamá miente.
- No digo que mienta. Digo que no conoce bien a la madre de Nuria, o al menos tiene una idea equivocada de ella. Yo he tratado con ella y…
- ¡Claro! Seguro que ahora la mala es mamá. Verás que cara pone cuando venga de la pelu y yo se lo cuente.
- ¡Vamos! No seas niña…
- A mi tampoco me cae nada bien esa Nuria. Es tan…
- ¿Tan qué? ¿También tú te vas a meter con ellas? No sé que a que fin les tenéis esa manía.
- ¿Yo? Por mi haz lo que quieras. Si quieres pasar la tarde con “esa” en vez de con tu familia allá tú.
- Pero… bueno. Qué carajo te pasa. ¿Es que no voy a poder ir al cine?
- Al cine… al cine… Esa lagarta ya sabe lo que busca.
- No te consiento que hables así de Nuria, ni de nadie. Pareces una verdulera histérica
- ¿Ah sí…? Ya veo que te importa más “esa” que nosotras.
- No aguanto más. Me voy, por no oírte.
- ¡Si…! Márchate con tu Nuria y deja aquí a tu hermana y tu madre que se mueran de asco.
- ¡ …!
- ¡Eso!.. Dale buen portazo… Asqueroso, idiota… Y la putón esa… Cuando la vea le saco los ojos. Desagradecido…