Fábulas II

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TÍTULOS: EL POETA Y LA FLOR, LA ZORRA Y LAS GALLINAS, EL PAJARITO SIN COLA, LA HIENA Y EL TIGRE TRISTE.

EL POETA Y LA FLOR

 

 Un poeta, cansado del mundo materialista, quiso llevar una vida ascética. Para ello se fue hasta un desierto.

 Caminaba sin rumbo recitando versos y sentencias grandilocuentes para satisfacer su espíritu y así olvidarse de las necesidades más corpóreas.

Se topó, a los días, con una hermosa flor que crecía entre las piedras del yermo paraje.

¡Oh –Empezó el poeta- flor maravillosa...

Que habitas en la nada

Surgiendo tan jugosa…

De entre la tierra quemada!

Y a la vez que decía la palabra “jugosa”no pudo evitar pasarse la lengua por los labios resecos.

 Miró a uno y otro lado. Tomó la hermosa flor… y se la zampó de un bocado.

 

Nos enseña esto que el espíritu y el cuerpo son complementarios, y que el uno es más débil cuanto mayor es la necesidad del otro.

fin

 

 

LA ZORRA Y LAS GALLINAS

 

 

 El olfato llevó a la zorra hasta un gallinero protegido por una alambrada, donde las gallinas engordaban y ponían huevos.

Viendo la zorra que la malla metálica era demasiado alta como para saltarla, se guardó de intentarlo y discurrió una estrategia.

Se acercó sigilosa, sin ser vista, hasta un arbusto que crecía al lado del gallinero y desde allí comenzó a gritar, poniendo voz de gallina: "¡Sococorro, socococorro! Ayudadme compañeras, se ha metido una comadreja dentro del gallinero y me esta atacando. ¡Sococorro! Venid a ayudarme o nos matará a todas."

Las gallinas, como esperaba la zorra, hicieron honor a su nombre y corrieron despavoridas por todo el gallinero, muchas, ayudadas por sus alas, saltaron fuera de él para salvarse.
Pero, la astuta zorra las estaba esperando y, por supuesto, dio buena cuenta del emplumado banquete.


Esta táctica es empleada a menudo por los políticos en tiempo de elecciones, que para que vayamos directos a sus fauces, nos presentan a sus opositores como temibles alimañas.

 

 

fin

 

 

EL PAJARITO SIN COLA

 

Un pajarito golpeaba los cristales de la ventana:

-¿Quién llama?

-Mis alas.

-¿Qué quieres?

-Que abras.

-¿Qué buscas?

-Mi cola

-Solo tengo una.

-¡La mía!

-No. No es la tuya.

-¿De quien pues?

-Del gato.

-¡Mentiroso!

-¡Miau!

-Abre.

-¡fu!

 La ventana se abrió y el gato se lo comió.

 

Y así es como el alado dejo de ser desconfiado.

fin

 

 

LA HIENA Y EL TIGRE TRISTE

 

 ¿De que te ríes, si se puede saber.- Le preguntó el tigre triste a la hiena – No te das cuenta, estúpido animalejo, de que ni ayer ni hoy he podido cazar nada y tú no puedes comer otra cosa que no sean las sobras de mi mesa?

Ya lo sé –Dijo la hiena entre risas- y me río precisamente de nuestra mala suerte, porque prefiero morirme de risa que de hambre.

 

Quien se sabe reír de su propia desgracia no tiene que cargar además con la pena de sufrirla.

fin

 

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