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EL HOMBRE DEL SACO
Vuelve amenazante y empalagosa la Navidad, intentando despertar en nosotros esa sensación rancia de nuestra infancia perdida.
La Navidad es para los niños, siempre ha sido así. Pero hace años que un siniestro personaje, llamado Noel, entra sigilosamente en las casas, ayudado por la cómplice noche, y se lleva a los críos más tiernos en un gran saco rojo, mientras se ríe a carcajadas, jo, jo, jo.
Luego los suelta en unos grandes almacenes cualesquiera, con millones de juguetes diferentes y lucecitas hipnotizantes que los deja obnubilados. Andan de estantería en estantería al son de villancicos con mensajes subliminales, tales como: “Elige el más caro… Coge otro para tener dos iguales… Los juguetes más inútiles son los más divertidos…”
Antes de amanecer los devuelve a sus camas, donde los encontrarán sus padres a la mañana siguiente, como si no hubiese pasado nada. Pero ya es tarde: sus cándidas almas pertenecen al hombre del saco rojo.
fin
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EL FILO
Aquella tarde quiso vivir algo nuevo. Se aproximó lo más que pudo al borde del precipicio y se dio media vuelta dando la espalda al abismo.
Desde ahí vio la tierra firme con una perspectiva que ni siquiera los suicidas habían tenido.
fin
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PESCADOR
En vida no fue buena persona – Se dijo el enterrador, mientras llenaba la lata– pero hay que reconocer que esta criando unos buenos gusanos para la pesca.
fin
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LA BOLA DE CRISTAL
Quería adivinar su destino observando aquella bola de cristal.
En ella vio su rostro reflejado.
fin
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SOMBRAS
Un gajo de luna pende del cielo, la noche está fría. Desde las farolas su tenue luz se desploma sobre la calle desierta. En la penumbra de un portal un joven fuma, mientras mira una ventana que tiene enfrente.
La ventana es un teatro de sombras chinescas: la del padre, la de la madre y al fin la ansiada silueta de ella. El pulso se acelera.
El joven sale de la oscuridad para que su amada lo vea. Ella se acerca a la ventana pero no quiere ver el fulgor de aquel corazón que arde en su honor y corre las cortinas a modo de telón, otra noche más. Mañana habrá nuevo pase de nueve a diez, por hoy se acabó la función.
Triste y cabizbajo, pensando en aquella chica, el muchacho camina por la solitaria calle en dirección a su casa, mientras las farolas se disputan su grotesca sombra al pasar junto a ellas.
fin
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BILLY
Se hacia llamar “Billy el temerario”.
Poco después todos se referían a él como “El difunto Billy”.
fin
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